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Escrutinio / Tortugas

Por Sergio Lujambio

REFORMA

(16 Enero 2004).-

Toda esta semana ha venido reportando este diario el tema de matanza de tortugas en el litoral del Pacífico. El magnífico reportaje retrata un seguimiento puntual desde las tortugas asesinadas en las playas de Guerrero hasta las botas confeccionadas con piel de tortuga, a veces comercializadas de manera abierta, otras en secretito.

Desde la primera nota, el lunes, se puede inferir que los métodos de asesinato de las tortugas cuadran con prácticas de narcotraficantes, curiosamente. Las AK44 "Cuernos de Chivo" y las palizas en el cráneo de los animales marítimos, como si fueran "ejecuciones" contra una autoridad decente que les pisa los talones o contra sus competidores, son signos que llevan a sospechar, como días más tarde revela el informe en efecto, que las bandas de asesinos de tortugas , resultan estar vinculadas con el narco.

Los negocios de lo prohibido son muy rentables. En virtud que la mota, la coca, las anfetas, las apuestas, la tala irracional de bosques y la captura o sacrificio de especies protegidas lo son, los mecanismos del Estado para la prevención y persecución de la violación de estas prohibiciones, debieran ser los mismos, pues los "hombres de negocios" de los negocios ilegales, pueden ser los mismos. Ya están organizados y pertrechados con medios de comunicación sofisticados, armas de gran capacidad mortífera, logísticas de almacenamiento y distribución y mecanismos de corrupción de autoridades, que son factores críticos de éxito de sus negocios.

El alcohol, droga dura desde una óptica médica (deshinibidor de la conciencia y al mismo tiempo adormecedor de los sentidos), pero social y culturalmente aceptado, resultó ser un gran negocio durante la prohibición del mismo, en Estados Unidos en la época de gran desarrollo de la Mafia Italo-Americana. A ellos mismos les convenía y apoyaban en lobbying o cabildeo congresional, que siguiera siéndolo. Lo mismo pasa con las leyes restrictivas al consumo de enervantes. Si, como en otros países, el consumo personal no estuviese penalizado, la rentabilidad de varios negocios asociados a enervantes decaería sensiblemente. Pero con las especies naturales protegidas no se puede hacer eso. Las variedades de tortugas que arriban a desovar a las costas del pacífico mexicano que se encuentran amenazadas de extinción, lo están de veras, y lo más triste del asunto es que son, como manifiestan algunos de los denunciantes que prefieren el anonimato, autoridades municipales, estatales y caciquillos locales los que se procuran en sus festines la carne y huevos de las tortugas , supongo que como símbolo de estatus y demostración de poder.

Grandes esfuerzos se hacen, por ejemplo, para la financiación de los proyectos asociados a la protección y salvamento de la tortuga Laúd. En dos ocasiones he tenido oportunidad de viajar hasta donde desovan, en "arribazones" que les llaman los lugareños, en una de las 22 playas, la de Escobilla en Oaxaca, donde la SEMARNAT tiene un equipo de misioneros auténticos de la protección de las tortugas así como el impresionante Museo de la Tortuga. Empresas como Banamex o ING hacen el esfuerzo de "administrar la basura" de suerte que Hewlett Packard, transnacional de fuerte presencia en México, con el resultado económico del reciclaje de materiales plásticos y metálicos, aportan al gobierno importantes sumas para la coadyuvancia en la preservación de esta especie en particular.

Ver una fotografía de Laúdes asesinadas con métodos como de narcos, es tristísimo. Los esfuerzos monumentales por preservarse, para hacer torpemente sus nidos en la arena, y la diminuta dimensión de los neonatos que los hace tan vulnerables a humanos, perros y zopilotes, hace que el mayor riesgo para desaparecer de esta especie, resulte en un tramo no mayor a 15 metros del mar. Su posibilidad de éxito es uno de cada mil huevos depositados.

No es una noticia curiosa nomás. Es una tragedia ecológica ver cómo los humanos somos capaces de seguirnos acabando el planeta por unos pesos, con tal crueldad, por unas botas, unos peines, un filete o unos pinches huevos revueltos de tortuga.

Comentarios: sergio@siosa.com